Detrás de los secretos de familia.

“Los secretos del inconsciente familiar acaban subiendo a la superficie. No importa la profundidad a la que hayan sido enterrados” Luis Dugas.

Sería importante mencionar, que está claro que existen los secretos dentro de las familias, vamos a decir, que aportan sorpresa, diversión y alegría. Todos/as conocemos este tipo de secretos. Pero en este caso, no voy hablar de estas divertidas conductas que generan en muchos casos gratos momento de diversión y entretenimiento entre los miembros de una familia, no. Tampoco quiero referirme con desdén y poca importancia al derecho a guardar nuestra intimidad y mantener situaciones o eventos personales solo para nosotros. A lo que me quiero referir es al tipo de secretos, que” devoran el alma”, a aquellos que en muchas ocasiones “es un secreto a voces”; ya que existen varias personas que conocen la información pero que buscan ocultar la verdad so pretexto de no hacer daño, manteniéndose así por miedo, vergüenza o culpa.

Es posible que, por todo el mundo, los secretos de los que me refiero, se manifiesten primero como una semilla imperceptible y sin importancia, aunque corruptibles, sin embargo, mientras más se mantienen, estas historias se convierten en verdades a medias o medias verdades, tesoros prohibidos, que están resguardados por las llaves de ciertas lealtades disfuncionales. Temas muchas veces controvertidos, que se evitan comentar en las reuniones familiares, debido a que son considerados por los miembros más conservadores como sórdidas heridas y vulgares comentarios que se deben quedar en casa. Pero ¿qué tan sano, emocionalmente hablando, es mantenerlos?

Es importante tener presente, que al hablar de un secreto es pensar en tres aspectos:

• Lo que se oculta intencionadamente.

• Lo que se desconoce.

• Lo que aún está por descubrirse.

Es probable que el secreto, también puedan ser una verdad no aceptada por los/as que quieren mantenerla oculta. Si la intención es esconder la verdad, prácticamente puede ser cualquier cosa que rompa con la tradición moral de la familia o de la sociedad, el estatus o los vínculos entre los miembros de ese grupo. Podemos optar por esconder casi cualquier cosa:

• Suceso.

 • Sentimiento.

• Conducta.

• Condición.

El secreto puede ser guardado por iniciativa propia por los propios bloqueos psicoemocionales, por dignidad, por la pena, la culpa o por no traicionar un sentimiento de una o más personas. Aunque también está el secreto que se guarda bajo una cierta manipulación de terceros, apelando a una lealtad disfuncional y a un condicionamiento sobre el sentido de pertenencia o de identidad en el grupo, en este caso de la propia familia. Y en caso extremos bajo situación de chantaje o amenaza de la seguridad e integridad de la persona que guarda el secreto

La persona, que no desahogan o revelan este tipo de secreto, en muchos casos, desarrollan problemas psicológicos que pueden llegar a convertirse en traumas o duelos crónicos. La experiencia demuestra que una patología grave suele ir acompañada de un secreto.

Estemos atentos, el secreto es el custodio que mantiene la norma social y “las buenas costumbres”. Romperlo, sería atentar contra la comunidad, contra la tradición. Si eres capaz de relevarte ante esto es posible que tengas que enfrentar un proceso de soledad y sensación de estar perdido/a, aunque si cruzas el oscuro bosque, y eres acompañado/a en este proceso, puedes dejar la pesada leña y mojarte en los ríos de la verdad, tu verdad.

Cristina Márquez comparte en este espacio su vivencia con respecto a los secretos de familia, ella dedica este espacio a un persona muy especial a Jeshu Cárdenas

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